“Y, DE PRONTO, UNOS OJOS” POR ÁNGEL VICEA


 

-¿Lo de siempre, Nick?

La camarera me ha llamado Nick. Parece conocerme y está muy segura de ello. La recuerdo vagamente. Supongo que debo contestar.

-Sí, gracias.

-Muy bien. Te dejo el menú del día para que le eches un vistazo.

-¿El menú? Gracias.

Se va. La he visto tomar nota. Recuerdo este sitio y es evidente que soy un cliente habitual. Intentaré pasar desapercibido. Voy a coger el menú aunque no tengo apetito. La Pescadería… uh! este nombre me dice algo.

Acabo de darme cuenta de que la camarera le ha dicho algo al director o encargado, parece que ha notado mi desconcierto.

Se acerca otro camarero.

-Con permiso.

-Gracias -vaya, me han puesto un vaso de cerveza. La camarera viene hacia aquí.

-¡Qué calor esta noche! El descanso se hace difícil, ¿verdad?

<<Dios, ¿qué contesto?>>

-Desde luego.

-Si no te decides por el menú, recuerda que también tienes el menú hamburguesa.

-La verdad es que no tengo urgencia por comer.

-Nosotros tampoco la tenemos. Disfruta de la cerveza tranquilamente. Cuando te decidas, avisas.

-Gracias.

Miré hacia abajo.Pero, ¿qué hago en pantalón corto y camisa corta? ¡Llevo puestas unas sandalias! ¿Qué es esto? Tengo que tranquilizarme. Por suerte la camarera es bastante amable, ahora entiendo la referencia al calor. Debemos estar en verano, aunque aquí no se nota. Tengo que concentrarme y analizar qué me está pasando.

La dama acompañada que está en una mesa del fondo ha cruzado la mirada conmigo. Puede ser un buen presagio. Oigo como empiezan a entrar clientes. Por la forma que tiene la luz de incidir en el suelo diría que es medio día, aunque no podría afirmarlo por los cristales que cubren este patio. Entran dos parejas al patio. Se han sentado un poco alejadas. Mejor.

La camarera de antes se acerca a ellos.

-Hola, ¿qué tal?

Una de las señoritas se levanta.

-¿Le importaría que nos pusiéramos allí?

Se refiere a una mesa junto a la mía.

La camarera ha mirado la mesa libre y me ha sonreído.

-Un momento, que voy a preguntar a mi encargado si está reservada.

-Gracias -dice la interesada.

La señorita se ha fijado en mí. Parece que les llamo la atención.Ella tendrá entre veinticinco y treinta, y yo, treinta y seis. No está mal…

Vuelve la camarera.

-Se pueden sentar allí. No está reservada hasta la noche.

-Muchas gracias.

Vienen hacia aquí. Los hombres me han hecho una reverencia de cortesía, que yo he correspondido. La otra señorita me ha sonreído pero ella se ha sentado la última y sin mirarme.

-Me han hablado muy bien de este sitio -dice una de las señoritas.

-Ahora lo comprobaremos -dice el más corpulento.

El otro hombre deja un maletín en el suelo.

-¿Quién te lo ha comentado?

-Irene, que estuvo aquí el sábado con Lucas. Dicen que estaba lleno. Mientras esperaban una mesa libre en la barra llegaron los de la universidad. Vamos, que te puedes imaginar… Estuvieron abajo, en un sótano súper coqueto, hasta las dos de la madrugada.

≈≈≈

El orgulloso Barón hizo una pirueta con su capa de seda dejando a propósito sobre su brazo izquierdo el escudo de su protector; el Excmo. Sr. Marqués de la Cuesta.

-¿Le parece bien mañana? -hizo un silencio -¿al alba?

Don Fermín Osborne y Pérez de Guiraudoux lo observaba sin quitar ojo a su brazo derecho. Decían del Barón que era el mejor espadachín del reino. Había salido victorioso de numerosos duelos.

-¿Por qué no? A siete pasos -dijo Don Fermín sin dejarle elegir el arma.

El Barón cruzó la mirada con dos de sus ilustres acompañantes. No podía echarse atrás.

-Como guste -dijo con autoridad.

-Así sea -dijo Don Fermín.

El cielo de Madrid prometía jornada calurosa. El pino que había sobre la loma era el único cobijo el aventurero y el pastor.El carruaje del Barón llegó con los primeros rayos del amanecer. A caballo llegaron Don Fermín y sus dos padrinos.

Uno de los acompañantes de Don Fermín llevaba un maletín.

-Corren rumores en la corte de que los duelos van a ser prohibidos.

-Ahora no tengo ganas de charlas -espetó Don Fermín.

El juez de la contienda llegó enseguida con un hombre encapuchado. Comprobó las armas y la munición haciendo un disparo con cada una de ellas. Llamó a los contendientes.

-¡No perdamos el tiempo! Júntense por la espalda -cosa que los dos hombres atendieron sin premura -contaré de uno en uno hasta siete. Sólo podrán dar un paso con cada número y cuando diga siete. Bueno, ya lo saben. No tengo que decirles que si uno de ustedes rompe las reglas, el tirador encapuchado lo abatirá.

Los dos hombres levantaron el arma a la altura del hombro.

El juez levantó la voz con firmeza.

-Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete.

Un ruido seco enturbió la mañana.

-Fermín, ¿estás bien? -dijo una voz de mujer.

La voz de mujer volvió a repetir.

-Fermín, cariño, ¿estás bien?

Abrí los ojos. Estaba en una cama junto a una joven. ¡Pero si es la joven de la mesa del patio de la pescadería!

≈≈≈

Vive tus sueños en la Pescadería