No sabíamos cómo enfrentarnos a esa catástrofe mundial. Algo había cambiado en el medio ambiente. La colisión con el asteroide lo había provocado. Familias enteras habían enloquecido. Se asesinaban unos a otros. Nosotros, los que aun teníamos cordura y un poco de esperanza, hacíamos turnos para vigilar y estar dispuestos incluso a matar a los que invadieran nuestro hogar. Es que nos informaron repentinamente y no tuvimos tiempo para idear formas de almacenaje. Había sido la noticia más terrorífica que habíamos recibido: El agua se evaporaba al contacto con él aire.